martes, 5 de julio de 2011

Sin belleza.

Suzanne se había criado en un mundo infame donde la inmoralidad y la maldad eran dueñas de los hombres. El ser humano ya no podía apreciar la belleza. Ya hacía diez  años de eso. La leyenda decía que un día, Dios, agobiado por todos los imperdonables defectos del hombre, le negó poder apreciar hermosura. Todos los humanos despertaron aquel día sin encontrar nada bello, y su bondad  había desaparecido de sus corazones. Rápidamente el mundo generó un caos destructivo y opresivo. Pero como una luz que se alza de entre las tinieblas, hubo supervivientes, gentes que habían conservado el “don prohibido”. Seguían siendo buenas y para ellos el horizonte seguía siendo hermoso, pero los demás les odiaban irracionalmente y en un mundo donde el crimen era el pan de cada día, más valía mantener el don en secreto.
Suzanne sobrevivía al margen de la sociedad, junto a su amigo Vivian. Desde pequeños habían presenciado como la ausencia de belleza había envilecido al hombre. ¿Por qué hacer el bien si no puedes entender la belleza que crea este? Todo el mundo comenzó a odiar lo hermoso sin saber muy bien que era, la huella de este se había borrado de sus memorias. No recordaban que tiempo atrás se enamoraron de alguien por su sonrisa deslumbrante ni tampoco lo mucho que habían disfrutado leyendo preciosas historias.  Para ellos todo era feo y ruin o simplemente no les despertaba ningún sentimiento positivo.
Suzanne y Vivian amaban todo lo que un día perdieron y eran de los pocos afortunados que habían preservado el amor.

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